La Calle, Matías Estrada A.
Descripción de la calle
Ciudad de Guatemala
Zona 14 6ta avenida en división de los arcos del acueducto
3pm por 15 minutos
Matías Estrada Acevedo
Fenomenología URL 2025.01
Tratar de cruzar la calle fue el primer reto. Esperé hasta que fue oportuno cruzar, lo hice al mismo tiempo que una señora anciana, ella vino hacía mi y yo hacía ella- pero no crucé la calle, me quedé al centro dónde se parte la calle por la columna de los arcos del acueducto de ladrillo.
El espacio se divide en cuatro partes principales:
(Los costados, que tienen locales y comercios, ambos sucios y en deterioro)
En la izquierda, Plaza Musical, que lo anuncia un letrero rojo con dicho nombre, hay otros rótulos anunciando los locales dentro. Eventualmente, acaba ese área y comienza otra pared con otra cosa.
En la derecha hay muro de algo desconocido, luego hay un comercio pequeño que anuncia con el logotipo de la telefonía local (Claro), hay varios rótulos que anuncian los productos que venden. Eventualmente, acaba ese área y comienza un parqueo y luego un edificio. Esto continúa hasta llegar al horizonte visible, variaciones de construcciones y rótulos (se pierden entre tantos).
Arriba hay cielo azul, nubes, hojas verdes y amarillas de árboles variados y cables negros de electricidad, en algunos pedazos están también las puntas de madera, cemento o hierro de las astas que los elevan. Partes del cielo también se cubren por edificios, rótulos y señalizaciones.
Y abajo, en el centro es el oscuro pavimento rocoso, que tiene grietas, agujeros y líneas de color blanco, que también tiene grietas como estrillas. Tiene regado por encima diferentes tipos de residuos, en su mayoría pequeños gris y no-identificables, excepto por las bugambilias recién caídas y otras secas, el viento y el sopló de los carros las hacen bailar en todas las direcciones. El pavimento pareciera sostener calor, emana con temperatura, me dan ganas de acostarme y sentirlo con la mejilla; me recuerda a ir al Club Americano y recostarme sobre el piso de la orilla de la piscina dónde se guardaba el calor del sol.
Hay áreas con tierra, en dónde se encuentran las esquinas o los locales. Las aceras que hay están desniveladas, tienen grandes quiebres y varían según el cambio de local, varían todas, pero tienen en común el color gris pálido. Tienen áreas con grama, pero están cercadas y tienen algunas siembras de árboles grandes y pequeños.
También hay un comercio de fruta en la acera izquierda, con una sombrilla de colores. A su lado hay una pila de bolsas de basura.
Unos metros frente a este, hay un muchacho moreno y uniformado de celeste sentado en el suelo con dos conos anaranjados frente a él, está al lado de un agujero. Tienen una rueda negra con una especie de cable plástico amarillo que entra en el agujero. Él voltea para observarme con detenimiento.
Me senté y comencé los 15 minutos.
Fue muy rápida la manera en que me invadió el cuerpo de miedo al ver la oleada de carros en velocidades elevadas hacía mí dirección. Me sentí como un objeto hecho de un material muy frágil y sensible. Los carros se mueven rápido, pero también se mueven elevados. Ya me sentía pequeño, por la fragilidad, con la elevación me sentí diminuto. Mis pies tenían presente una ligera vibración, que se sentía fuerte al contemplar que lo que vibraba era el pavimento rígido. Mi cara percibía una vibración mayor. Mi cuerpo entero sentía el paso de los carros como estelas u ondulaciones de aire. Se manifestó mi mandíbula y dientes, revelando la tensión que les estaba causando el apretarlos.
Luego vino el primer semáforo que detuvo el flujo de los carros. Entonces la atención regreso a lo verde de las hojas y a lo suave de la luz que caía. Algunas personas caminaron por las orillas (casi todos quienes caminaban, cargaban mochilas). Tuve presente una respiración profunda. Me entró una duda por el tiempo que pasaría ahí.
Comenzó de nuevo el flujo de carros (en su mayoría colores neutros y rojos), el cual iniciaba con una manada de motocicletas al frente, luego algunas solitarias entre los carros. Ya no me dió tanto miedo, excepto cuando los vehículos hacían repentinos, tardíos e impredecibles giros hacía el otro carril o ligeramente hacía mi para luego enderezarse; pero no fueron tantos. Más me surgió el pensamiento que quizás me demoraría mucho tiempo pasar 15 minutos en esa espera, que quizás me estaba aburriendo. Ya no me dio miedo el movimiento, estaba expectante. Tampoco sentía presente el rostro, ni los pies, ni la mandíbula. En verdad, ya no tenía presente nada, me sentía vacío.
Cruzaron más personas de un lado a otro, algunos corrieron. Pasaron bicicletas en contra y en dirección de la corriente. Solamente una vez se detuvo un carro para dar paso al peatón. Y un par de veces el ambiente se bañó en música de un carro al pasar. El paso de los carros me hacía sentirme extrañamente observado y desnudo, en especial por no poder verlos a ellos. Solo hubo sonrisas con las personas con quienes cruzamos miradas en algún momento; rápidas, pero honestas.
Al oír las bocinas de los vehículos sentí mi cuerpo apretarse. Un rápido y agudo dolor que cruza de los oídos a la garganta y una ansiedad por localizar el origen del ruido.
Luego de un tiempo respiré profundamente y sentí de nuevo el viento contra mi cuerpo, también sentí una presión en los lados de la coronilla, presentes los oídos y extraña sensación en la garganta. Unos momentos después, sonó la alarma de los 15 minutos, esperé a que terminaran de pasar los carros y salí de la calle. Me sentía calmado y extrañado.
Excelente. Buena atención al detalle del objeto y a los sentimientos y dinámicas de interacción. Descripción ordenada. Ojo con las causalidades. Las interacciones con las personas, los objetos y las circunstancias son clave para el análisis y la resolución de la pregunta, que parece seguir siendo sobre la experiencia del espacio público.
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