La discursividad de la rutina diaria.
Aporte de Víctor Portillo.
Los elementos para tomar en cuenta son: pregunta, valor filosófico y abordaje.
Idea:
La discursividad de la rutina diaria.
Pregunta:
¿Cuál es la discursividad de la rutina diaria?
Abordaje:
Las
rutinas constituyen algo que hacemos todos los días, pero de las que usualmente
casi no estamos consciente de ello. Es por esto, por lo que quisiera
concentrarme en la importancia de las rutinas en la vida del hombre, debido a
su carácter tácito y de eje de la vida, en especial sobre aquellas rutinas más
comunes como el: despertar, lavarse la cara, cepillarse los dientes, ducharse y
arreglarse, tomar café, ver el celular al levantarse, ir a la estación del
metro, bus o taxi, almorzar, etc.
La
forma en que se pretende abordar esta temática es desde la mirada
fenomenológica de Husserl, pasando por las diferentes capas del ego, tomando en
cuenta elementos como el ego polo, la reducción eidética, el yo trascendental y
otros elementos que tienen relación con la propuesta fenomenológica de Husserl.
En
especial quisiera concentrarme en un solo elemento de la rutina diaria; este
podría ser el hecho de tomar café por las mañanas, poniendo entre paréntesis todas
las demás actividades, que puedan estar alrededor de esta idea, esto con la
finalidad de comprender desde la fenomenología, el valor como practica y como
rutina que tiene este hecho y lo que esto implica, especialmente en el ámbito
vivible, lo fáctico, lo presente, el siendo del hecho mismo.
Valor filosófico:
Considero
que el valor filosófico tiene que ver con las implicaciones que tiene el hecho
de detenerse por un momento a tomar dicho líquido: la reflexión sobre la
existencia, la sensación de seguridad o energía que da la cafeína. Se podría
valorar las implicaciones geopolíticas del cultivo de dicho grano en nuestras
tierras, el impacto del comercio de este grano en la vida de las personas desde
el ámbito de la filosofía latinoamericana, por ejemplo.
No
obstante, con respecto a la fenomenología, considero que lo que se busca es
comprender el acto mismo de, por decir algo y recrear un escenario: sentarse a
la mesa a desayunar y mientras desayunas te tomas tu respectiva taza de café
por sorbos, experimentas el olor del grano, lo tibio de la porcelana, lo que te
evoca de manera consciente o subconscientemente el hecho mismo de tomar café.
La sensación de calorcito en el estómago, y la sensación como de brillo en las
ideas que trae cada sorbo.
Aunque
también se pueden estudiar o valorar otros ámbitos, como: las rutinas como
pistas de la conducta humana, influencia de los alimentos en el pensamiento del
hombre, momentos del día cuando el cerebro está más predispuesto a reflexionar,
etc.
Idea: La discursividad de la rutina diaria.
Pregunta: ¿Cuál es la discursividad de la rutina diaria?
La rutina, tres elementos posibles de la vida de una persona común o al menos de algunos: a) el hacer ejercicio por las mañanas, b) la taza de café que normalemente se toma por las mañanas y c) el cepillarse los dientes despues de comer y antes de iniciar labores.
1. 1. Después
de hacer ejercicio por las mañanas.
A modo de abordaje, me
percibo en la cancha del colegio Javier, son las 5:25 am, ya se ven algunos
docentes que también están haciendo ejercicio, me hago consciente de cada paso
que doy, de la música que escuchan mis oídos, de la brisa fresca, del pesado
cansancio que casi siempre tengo por las mañanas, me percato del leve dolor en
el tobillo de mi pie izquierdo, luego de caminar un poco, comienzo a ir más
rápido, pasando del trote a la carrera libre. Siento como el aire frío entra
por mis fosas nasales y garganta, me percato eufórico y cansado, el cuerpo
empieza a percibir calor, se despereza, adquiere nueva vitalidad, se percibe
como una corriente eléctrica que expulsa el sueño.
Descripción fenomenológica.
Percibo el ruidillo de la gravilla delgada al caminar sobre ella, siento como la pereza se desvanece y el calor adquirido por el trote acelerado y por las suficientes lagartijas realizadas, le devuelven a la memoria los brillantes pensamientos que estaba acobijados bajo la pereza y la modorra. Percibo el latir acelerado de mi corazón, me siento como hinchado de todo el cuerpo, piernas, pecho, hombros, con ganas de seguir, pero al darme cuenta de la claridad del día y la sensación de tener el reloj en mi mano izquierda me recuerdan que ya es hora de cambiar de actividad. Antes de dar un paso más, me percibo más liviano, como llevado por el viento, disfruto al máximo la sensación de sentirme vivo, mientras me quito el audífono de la oreja izquierda y luego de la derecha, una gota de sudor baja por mi frente hacia mi mejilla y con la mano izquierda la quito de mi cara usando del dedo índice. Escupo hacia un lado con fuerza, respiro hondo un par de veces, siento como mi cara se inclina un poco hacia arriba y mis pulmones vuelven a percibir el aire frío del ambiente. Doy algunos pasos sobre la grama, siento el viento frío, me detengo un poco y veo hacia los lados para ver si hay alguien a quien darle los buenos días, acelero el paso y asciendo corriendo las escaleras de la pequeña tribuna.
2. 2. Tomar café después del desayuno.
El abordaje en este caso
sería el siguiente: Me sitúo en la mesa del comedor un día cualquiera, después
del desayuno a eso de las 7:25 a.m. Veo frente a mí, el plato, todavía con
restos de frijoles, huevo y pan, el tenedor y el vaso de vidrio trasparente que
todavía contienen algunas gotas de jugo de naranja. Además, en la esquina
izquierda, al fondo está la taza de café con leche, todavía humeante. Es en ese
momento que me dispongo a tomar un poco de café, lo cual no ha de durar más que
un par de minutos. Frente a mí está un asiento vacío y a un lado los otros
compañeros, que normalmente son el hermano ministro, un padre mayor y otro
estudiante del PEMFIL. La taza de café con leche es consumida entre una plática
espontanea e informal sobre lo que surge en ese momento de reposo mientras la
comida va siendo digerida lentamente en mi estómago.
Descripción
fenomenológica.
La sensación del calorcito
de la porcelana entre mis manos, que intenta abrigar o acalorar a la muñeca y
un poco más, no quema, el material solo está tibio y el líquido también. El
pequeño peso de la tasa en sí misma con el líquido, que siente mi mano izquierda
al levantarla suavemente, se difumina ante el sabor que ya disfruta mi paladar,
sin aún haber recibido nada. Mi dedo índice aprieta con fuerza contra la palma
de la mano, la oreja de la taza está como apresada entre mis dedos. El meñique
y el pulgar hacen su mejor esfuerzo por mantener el recipiente en equilibrio,
para poder beber de él correctamente. El aroma que sube hasta mi nariz me
conecta con los sabores de los elementos que están ahí disueltos, que en este
caso son café y un poco de leche. Percibo como mi estómago le hace un espacio a
esta suave bebida. Antes de disponerme a beber, abrazo por un instante, con la
palama de mi mano derecha el espacio de la taza que aún que aún no ha sido
cubierto por mis dedos, para sentir nuevamente el calorcillo de aquel material.
El casi inexistente vapor humedece mi cara por una fracción de segundo, me
decido a beber, me inclino un poco, en el casi beso de borde de la tasa, doy el
primer sorbo y siento la conjugación de lo acido del café y lo simple de la
leche en mi boca, luego que este pasa por mi garganta, experimento la placidez
de sentir la tibieza de cada sorbo en la parte frontal de mi barriga, mientras
oigo, sin prestar demasiada atención a alguna conversación o sugerencia que se
da por ahí en la cocina o entre los compañeros que desayunan al lado,
simplemente me quedo ahí con mi café por esas fracciones de segundo en las que
se me permite abstraerme totalmente de todo.
Mientras poco a poco voy vaciando la taza, me percibo un poco ansioso, porque se acerca la hora de ponerse de pie, pero ignoro por unos segundos ese pensamiento y sigo disfrutando sorbo a sorbo lo que aún queda de café con leche en mi taza blanca, veo por un instante a mi alrededor, hago algún comentario breve de algo que no me comprometa y continuó degustando de los últimos sorbos de la taza que ahora pesa menos, lo que queda ahora es solamente ver que esta quede vacía, al terminar me doy cuenta como mis dedos índice, meñique y pulgar se relajan un poco y la leve tensión de mi brazo disminuye, extiendo el brazo hacia el centro del plato que está frente a mí sobre el cubre mesa y mientras la sensación de agrado y diminuto éxtasis aún permanece, me preparo para ponerme de pie y dar por finalizado el desayuno.
3. 3. Cepillarse los dientes antes de salir al trabajo o
universidad.
A manera de abordaje,
respecto al cepillarme los dientes sería el siguiente: Situarme después de
haber desayunado y antes de tomar la mochila y salir para la universidad. Me
paro frente al espejo, tomo el cepillo viejo con el que suelo cepillarme, luego
tomo la pasta, deposito un poco de ella sobre las cerdas del cepillo, mientras
me veo en aquel cristal reflectante, coloco el cepillo en mi boca, luego abro
el grifo para tomar un poco de agua, cierro un poco la puerta del baño, me
inclino un poco hacia el lavamanos y aprieto fuerte entre mi mano izquierda el
mango del cepillo y comienza así el proceso de cepillado de los dientes.
Descripción fenomenológica
Me percibo de pie frente
al espejo de mi baño con el cepillo de dientes en mi boca, la mano izquierda
sostiene lo sostiene, siento como las cerdas punzan mis encillas, sin afán de
herirlas, luego me agacho hacia el grifo, saco un poco el cepillo de mi boca
para poder tomar un poco de agua y humedecer así la cavidad a ser
enjugada, mientras me incorporo levemente, mi mente se vacía un poco de las mil
cosas que suelo pensar, percibo los movimientos acelerados de hacia arriba y
hacia abajo, de hacia tras y hacia adelante en mis encillas con el cepillo, y
esto va generando la sensación de un leve dolor por el ardor y el sabor fuerte
de la menta, mi epiglotis todo el tiempo está cerrada, evitando en todo momento
que la pasta y la espuma resbalen por la tráquea. Mis labios intentan cerrarse
del lado en que me cepillo y del otro lado se relajan para permitir el proceso
de limpieza. Mi boca se llena así de una sensación de plenitud, dulzura, acidez
y necesidad de limpiar aquella mezcla de espuma y restos de la comida que
habían quedado en los dientes. El cepillo sigue haciendo su trabajo, primero en
la parte externa de la encilla inferior del lado derecho, luego en la parte
externa de la encilla superior, siempre del lado derecho. Posteriormente el
mismo trabajo en la parte externa de ambas encillas del lado izquierdo. Intento
hacer lo mismo en la parte interna de las encillas y por último en la corona de
estos elementos masticadores, todo esto en fracciones de segundo, porque el
tiempo apremia y para esto no tengo más que un minuto con algunos segundos.
Extiendo mi mano derecha y la pongo en la orilla del lavamanos, mientras me
inclino un poco más y me concentro en cada movimiento que realiza mi mano
izquierda con aquel objeto que violentamente remueve toda menudencia de
comida.
La boca ha sido recorrida
casi en su totalidad, especialmente las estructuras duras, mineralizas;
utilizadas para triturar la comida, la lengua en este caso ha estado bastante
tranquila y poco funcional o afectada en este proceso. Las glándulas salivales
han hecho su trabajo generosamente. Al terminar, el cepillo es colocado en el
centro del lavamanos, me inclino levemente, hago un poco de esfuerzo para tomar
un poco de agua mientras con la mano izquierda abro suavemente el grifo.
Enjuago mi boca con un algo de fuerza para sacar todo rastro de pasta dental y
de comida. Escupo un par de veces, veo el cepillo, percibo el interior de mi
boca, veo también el color de la espuma y cómo esta se va diluyendo y se
escapa. Vuelvo a tomar un poco más de agua, me acerco al espejo para ver cómo
han quedado mis dientes, ubico el cepillo en el pequeño estante que está al
lado del espejo, me inclino nuevamente, con mi mano derecha tomo la pequeña
toalla verde que está colgada al lado del lavamanos, para secar mi cara, me
incorporo, me veo al espejo, levanto no sin un poco de esfuerzo mis labios e
intento ver si no han quedado aun algunos restos de suciedad. De este modo doy
por terminada la descripción del proceso de cepillado de los dientes, antes de
salir para la universidad un día cualquiera, específicamente de martes a
jueves.
A modo
de conclusión
De esta manera se ha
intentado presentar la descripción fenomenológica de tres hechos comunes dentro
de la rutina de cualquier persona, en especial de alguien que se desenvuelve en
actividades más formales. Las actividades descritas como la sensación des pues
de hacer ejercicio, el tomar una taza de café y el cepillado de dientes,
solamente pretenden revelar al máximo algunos detalles a los cuales no se les
suele prestar atención por la rapidez con la que realizan. Para esto se ha
intentado acercarse lo más posible al fenómeno en sí, dejando a un lado toda
actividad externa o que no tenga que ver con el acto mismo descrito, se ha
buscado enfatizar siempre la idea primaria enriqueciéndola con todo tipo de
características y elementos que giran en torno a ella.
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