El silencio en compañía de los otros.
Uno
de los momentos significativos en la casa son los momentos de comida, que se
vuelve un espacio de encuentro, para la vida religiosa y más para los frailes
franciscanos por lo que se realiza esta descripción fenomenológica de la misma. El
lugar es el comedor de la casa. Iniciando con un lapso de media hora a 45
minutos. Por lo que inicia así:
Voy
entrando en el comedor esperando ver a algún fraile que esté poniendo platos
(esto cuando no están puestos) sin embargo, no había nadie aún, al entrar por
la puerta principal, normalmente está abierta, la puerta es de madera con una
cruz en el centro (específicamente la del crucifijo de san Damien, símbolo
franciscano) al entrar voy viendo si se necesita que la luz este prendida o no.
En esta ocasión la encendí, como de costumbre me dirijo hacia la pecera, con
pasos silenciosos e inquietos, busco el tomacorriente y enchufe el cable y de
inmediato se enciende la luz blanca que está puesta sobre la pecera, todo esto
transcurre en minutos y segundos, mientras que los demás frailes llegarían en
seguida, puesto que ocurre en como en cualquier día en la casa o fraternidad,
después de la oración de la mañana se va a desayunar (cuando es por la mañana).
Siendo el primero en llegar al comedor, como ya he mencionado, visualizo si ya están puesta la mesa con todos los platos, las tazas y los cubiertos para cada uno de los frailes, todo transcurre en silencio y sin decir palabras. En todo el comedor se escucha el agua de la pecera que va cayendo en el acuario y los peces siempre en movimiento y que me encantan porque me comunican paz y serenidad. Veo por la ventana entrar la claridad de los rayos de luz del sol, o el sonido de trastes y ollas desde la cocina, que está detrás de una ventana donde sacan los alimentos, puesto que la cocinera llega siempre antes para preparar el desayuno. Luego, sigo viendo si hace falta algo sobre la mesa, veo la comida ya puesta en una mesa desde donde se sirve la comida y está la comida lista, como todo desayuno guatemalteco: frijoles y huevos revueltos, con un poco de queso y crema.
En
el comedor están tres mesas colocadas de manera que forme una “U” o algo
parecido. Las mesas son de madera, barnizadas y pintadas de color café oscuro,
casi llegando a negro, los tres son de cuatro patas y una de ellas es más
grande que la otra. Una de las mesas es más grande, está colocada de manera
horizontal y las dos van colocadas de manera paralela al lado de la grande,
dando la forma de “U” siendo las mesas rectangulares. No hay un lugar específico
para cada uno, sino que conforme van llegando buscando donde sentarse. En total
están rodeadas las mesas por 18 sillas en la que solo se ocupan 12 de ellas.
Sobre
la mesa están colocados arreglos florales de color blanco, específicamente de
rosas y lirios, y otras flores blancas que son combinados con hojas verdes,
todos puestos sobre un mantel como centro de mesa de color blanco con encajes
en el borde. Todo parece de una mesa para fiesta. Todo esto lo veo y contemplo,
esperando a que lleguen todos. Me parece un lugar que crea un ambiente acogedor
y festivo. Además de esto, en el comedor
están colocadas dos imágenes: una de la Virgen María y el otro del sagrado
Corazón de Jesús, están iluminados con lámparas de tono amarillo que hacen del
ambiente una apariencia cálida y acogedor. Hay otra mesa colocada a un costado
del comedor, con un mantel blanco y con flores, sobre ella un cuadro religioso,
acompañado de unas velas, que hacen de como de altar, al lado contrario; está
colocado una mesa redonda donde está colocado el periódico del día y de los
días anteriores. Yo sigo en silencio, incluso es preferible para mí, puesto que
cuando llegan los demás, normalmente solo hacen bromas que yo lo poco entiendo.
Después de todo, solo busco un lugar donde sentarme y sentirme cómodo con la
expectativa de que alguien se siente a mi lado. En este caso me dirijo a la
mesa más grande, que al sentarse allí se ve la entrada principal del comedor y
yo me senté al lado izquierdo del lado de donde está la Virgen María, eso
viendo hacia la puerta principal. Con todo esto es solo en la mente y con la más
brevedad de tiempo posible.
Mientras
tanto, van llegando para comer. Llegan de uno en uno, y otros van entrando
acompañados, con las miradas van buscando lugar para sentarse, acercándose
donde ya alguien está sentado y se quedan a la par para acompañarlo. Entran
saludando, cada uno con su manera particular de entrar, dando una palmada en la
espalda a los hermanos o simplemente dando los buenos días. Unos van con los
que se llevan bien o se sienten cómodos para platicar o bromear.
Estando
ya en el lugar escogido llega un fraile que me saluda y yo solo contesto con el
saludo de “buenos días” (cuando es de mañana) me quedo en silencio esperando a
que se completen los asientos y voy viendo cómo se llena el comedor, en total
somos 12 frailes. Por lo que me mantengo en silencios, solo con el cruce de
miradas nada más y con otros no. Puesto que cada uno llega de diferente manera
de estar, otros con el rostro mirando la mesa o simplemente viendo por las
ventas del comedor, por momentos yo dirijo mi mirada a la pecera que está cerca
de la mesa más grande donde elegí sentarme. Viendo que faltan algunos uno de
los frailes pregunta ¿quién falta? unos dicen el nombre y todos se queda en
silencio porque solo esperan a que llega la mayoría para hacer la oración sobre
los alimentos. En el preciso momento en que llega al hermano que le toca la
oración las miradas y la mía también se dirige hacia él, porque todos esperan a
que haga la oración. Yo sigo siempre en silencio, evitando hablar, incluso
evitó contacto con alguno de ellos, y hoy particularmente llegó a la casa un
fraile que vivió en la casa dos años y lo salude. Evite lo más posible decir
palabra, pues sabía que tenía que hacer el ejercicio. Sin embargo, no logro
hacerlo por completo pues me ven raro o empiezan a hacer bromas que me
involucren.
Yo
evitaba hablar, más todos decían algo al que está a la par, a uno escuche
comentar sobre lo sucedido con la muerte del Papa Francisco y quien sería el
nuevo sucesor, a otros sobre las tareas que tenían que entregar en la
universidad, también escuche comentar sobre los errores en la entonación de
antífonas y salmos en la oración que acabamos de realizar en la capilla de la
casa.
Sentado
en la mesa después de la oración, me siento, pues no tengo tanta hambre, solo
quería descansar un poco, ya que me sentía agotado como si hubiera estado en
una vigilia. Uno de los sacerdotes me pregunta si todo estaba bien conmigo, mi
silencio les hace pensar que estoy mal o me pasa algo, algunas miradas los
siento sobre mí y mi cuerpo a veces se pone nervioso porque me incomoda que me
vean con expectación. Incluso en cierto momento me dio calor y sentí que me
sudaba la frente. Esto pasaba mientras comían los demás y yo guardaba
silencio. Solo veía que se levantaban
para ir a servirse lo que van a comer, fue casi el último en ir. El que estaba
a mi lado izquierdo en la otra mesa (en el extremo de la otra mesa con un
asiento de por medio). Veo que agarra su comida y a la vez estaba involucrado
en la plática con los que tenía a su izquierda que son tres frailes. Y a mi
derecha estaba el asiento vacío, pero en la que sigue está el del fraile
encargado de la casa y el que me preguntó si me sentía bien.
Solo
estaba observando cómo se movían y hablaban y en ningún momento quedaba en
silencio total, siempre hubo sonidos y palabras en todo el comedor, entre
risas, carcajadas y los sonidos que producen los cubiertos con los platos de
porcelana.
Siguiendo
en silencio más de uno se fijaba en mí y con gesto quiso sacar palabras de mí y
me decía que con mis gestos y mi rostro decía algo, no le dije ninguna palabra,
solo tenía que resistir y callarme, al otro extremo de la mesa de igual manera
me querían sacar palabras o emitir algún sonido, pero me resistí y no sabía que
contestarles. La mirada es el que me salvo y los gestos. El silencio en ese
momento, la mayoría de los frailes se daban cuenta y que estaba provocando
preocupación en ellos, algo les comunicaba, pero solo yo sabía lo que hacía. El
tiempo en silencio en el comedor, solo y con mis pensamientos, aunque estaban
todos ahí, parece que el tiempo se prolonga. Solo me quedaba terminar de tomar
mi té lentamente y tomar la servilleta de papel en la mano y la doblaba y la
extendía mirándola fijamente para distraerme ya que no llevé el teléfono, si no
con eso estuviera entretenido, mientras aguardaba silencio. Con el té tomándolo
poco a poco solo quedaba esperar a que suenen con el tenedor la taza como signo
de levantarnos de la mesa. Y en ese preciso momento el guardián de la casa
(superior) tocó la taza con el tenedor, provocando un sonido de tintineo que al
escucharlo todos se levantan de la mesa para finalizar el momento de comida. Se
hace la oración de agradecimiento de la comida y todos se dirigen hacia la
cocina. Fue un alivio para mí, aunque en
realidad soy callado o reservado, pero siempre el silencio causa distintas
reacciones en los demás y en mí. Me sentí diferente y en cierto momento
excluido.
Excelente atención a los detalles contextuales y las circunstancias de la interacción social. Podrías dar más información sobre los cuerpos. Por cierto, escribís "mi cuerpo se pone nervioso", usando una expresión extraña. Típicamente se dice "me pongo nervioso". ¿Por qué la distancia cuerpo-yo? Tal vez es solo cuestión de redacción. Tenés muchos elementos para el análisis posterior del silencio en medio de una colectividad relativamente pequeña o mediana y sus exigencias (casi imperativos) de comunicación.
ResponderEliminarUna observación relevante que hacés es acerca de la prolongación del tiempo. Vale la pena pensarla más para el análisis.