Descripción fenomenológica de Carlos Ávila
¿Qué es el ayuno?
Uno de los momentos significativos en la vida cristiana y religiosa son los momentos donde se comparten los alimentos, ya que este es un lugar en donde, como comunidad, compartimos nuestras alegrías y tristezas. En esta experiencia del ayuno de comida, quise aprovechar el tiempo de cuaresma para poder ponerle más sentido al ayuno.
Día: Viernes de dolor, 11 de abril
del 2025.
Duración: Desde las 6 de
la mañana hasta las 6 de la tarde. (Haré un reporte cada 3 horas).
Norma: Solo tomar agua
pura.
6:00 a. m.
Desperté a esa hora y no suelo
levantarme con hambre; mi estómago se siente bien. Tomé mi ducha como lo hago
todas las mañanas y me preparo para la Eucaristía con los hermanos y me tocó
cantar. Cuando se llegó el momento de la homilía, mi estómago empezó a sentir
hambre, sentí un cosquilleo en el vientre y empecé a pensar en comida. Me imaginaba el típico desayuno de la casa los días viernes: huevos estrellados
con salsa de tomate, que me encantan; frijoles fritos, queso y crema. Llegué al
comedor y se empezó a leer el florilegio de la congregación y esperaba con
ansias que se llegara el momento de comer y empecé a ponerme un poco ansioso ya
que me puse a pensar qué iban a decir los hermanos cuando miraran que no me
serví mi porción de comida y que solo me serví un vaso con agua.
9:00 a. m.
La intensidad del hambre empezó a
ser más estridente y no me dejaba concentrarme en mis quehaceres como lavar
ropa, ya que al día siguiente salía de misión para la Zona Reina en el Quiché,
me detuve frente al lavandero y miré cómo se movían dos manzanas que hay en el árbol
del jardín trasero de la casa y me empieza a dar un ataque de ansiedad, me costaba respirar, empecé a sudar helado. Y en el ataque de ansiedad empecé a
pensar en que no había tomado café por la mañana como suelo hacerlo, y eso me
llevó a reflexionar en que el abstenerse de algo no solo mueve la parte física de
mi cuerpo; sino que también provoca inestabilidad emocional, ya que empecé a ponerme
de mal humor y no quería que mis hermanos me hablaran.
12:00 m.
El cosquilleo de mi vientre empezó
a ser más intenso y empecé a ponerme débil, desmotivado y solo quería dormir. Esperé que los hermanos se sirvieran la comida y lo único que pude tomar fue un
vaso con agua y eso me provocó náuseas. Después del almuerzo, caminé por el
pasillo del Prenoviciado; mi cuerpo, reaccionaba muy lentamente y, al llegar a mi habitación,
empecé a deprimirme, y me dio otro ataque de ansiedad, ya que uno de los hermanos
estaba comiéndose una golosina. Lo que hice fue salirme de la habitación y me
fui para el jardín que está en el centro de la casa. Salí y empecé a observar
el jardín y empecé a verlo de manera distinta. Ya no eran las típicas rosas
amarillas, naranjas, rojas y rosadas que hay en el jardín; tenían un color
distinto, y me puse a reflexionar, porque miraba las flores con una tonalidad más
brillante, y la grama del jardín que está un poco reseca por el calor y la
falta de agua, tenía un color distinto y empecé a notar que las dudas, ideas y
respuestas que surgieron en ese momento empezaron a fluir con rapidez, algo
que en mí no suele darse. Y dije: “Con el estómago vacío se me hace más fácil pensar
y profundizar, y descubrí que es por eso por lo que los cristianos, los estoicos
y los taoístas, para alcanzar el equilibrio de sí mismos, hacen esta práctica de
ayuno”.
3:00 p. m.
Los niveles de ansiedad empezaron
a disminuir, las manos dejaron de sudar y el mal temperamento empezó a desaparecer. Sentí la mente más clara y el vientre ya no crujía porque estaba tan concentrado en
ver lo diferente que se miraba todo, que hasta perdí la noción del tiempo. Me fui
para el viacrucis que hubo en una de las colonias de la parroquia.
6:00 p. m.
Terminé el ayuno y lo primero que
hice fue tomar un café después de la actividad del viacrucis. Una señora me
invitó con su familia a tomar un café. Cuando yo tomé el primer sorbo de café, yo
sentí que volvía a la realidad y luego me dieron comida y, cuando miraba la
comida en el plato, después de tanta abstinencia, solo el hecho de comer se volvió
algo muy sagrado.
Reflexión:
El ayuno se volvió para mí un método
no de mortificación del cuerpo, sino de ver que el hambre que pasé me lleva más
allá de lo físico y me hace purificarme, purificar mi atención y la capacidad
de asombro que por la rutina se va perdiendo en el proceso, y también a sentir más
compasión por quienes sufren hambre constantemente en la sociedad.
Experiencia del ayuno
tecnológico (celular)
A una de las cosas a las que me he
vuelto muy adicto en estos últimos cinco años es al teléfono celular; este se
ha vuelto una extensión más de mi cuerpo. En esta experiencia del ayuno tecnológico
(celular), quise aprovechar el tiempo de cuaresma para poder ponerle más
sentido al ayuno.
Día: Lunes Santo, 14 de
abril del 2025.
Duración: desde las 6 de
la mañana hasta las 6 de la tarde. (Haré un reporte cada 3 horas).
Antes de comenzar con esta
experiencia, el día anterior, que era Domingo de Ramos en la comunidad donde me
tocó la semana de misión, por la noche, me estuve mentalizando sobre esta
experiencia que iba a realizar el lunes santo. Me dio un ataque de ansiedad en
la cama; la respiración se me empezó a acortar, inhalaba y exhalaba muy rápido.
6:00 a. m.
Desperté a esa hora; me despertó
la alarma del reloj. Recé en la habitación y luego me fui a bañar porque a
las 7 am tenía el desayuno. Cuando llegó el momento del desayuno y todos
empezaron a hablar en Q’eqchi’, me empezaron a sudar las manos y empecé a ver
hacia todos lados porque no entendía nada de lo que decían las personas. Cuando no entiendo nada, lo que
suelo hacer es ver discretamente el celular para distraerme. Fue un reto porque
no tenía mi celular en ese momento; empecé a jugar con los pies, a acomodarme a
cada rato en la silla, y metía mi mano en la bolsa del pantalón pensando que el
celular estaba allí, pero no, y eso empezó a ponerme de muy mal humor.
9:00 a. m.
A esta hora ya llevaba dos
enfermos visitados y me pregunté a mí mismo: ¿Cómo harán estas personas para
estar sin celular todo el día? El día siguió avanzando y empecé a sentirme
solo a pesar de estar acompañado, aunque había momentos en que las personas me distraían, pero mi mente
buscaba los espacios para pensar en el celular. Y el reto más grande fue el
llevar el celular en el morral de mi hermano para sentir más la tentación.
Empecé a sentir comezón en las manos y me empezaron a sudar mucho.
12:00 m.
A esta hora todo empezó a
tornarse distinto; ya estaba en la casa donde iba a almorzar y empecé a sentir
el deseo de pedirle el celular a mi hermano, ya que quería sentir la sensación
de deslizar el pulgar sobre la pantalla y revisar quién me había escrito y qué
notificaciones tenía en el. Y tomé la determinación de no hacerlo y empecé a observar a las personas y a escuchar con atención qué era lo que
decían en Q’eqchi’.
3:00 p. m.
Llegó la nostalgia en este
momento del día, porque quería entrar a las redes sociales, pero por el
ejercicio que estaba haciendo no podía. Me puse a leer un libro que había
llevado a la misión que se llama Olvida las preocupaciones, de Amsel Grüm, y uno de
los poemas que aparecen en él decía que Cristo es el Orfeo por excelencia, ya
que él toca la melodía perfecta ante Dios. Esto me tranquilizó mucho.
6:00 p. m.
Encendí mi celular al llegar por
la noche a la casa después de haber hecho el rosario en la iglesia con la comunidad y, al
revisar las aplicaciones, me sentí un poco extraño, ya que todo el día había
estado sin el celular y, como el tiempo había pasado con tanta rapidez, sentí
tanta gratitud, ya que había aprendido cosas nuevas de la cultura Q’eqchi’, como nuevas palabras y que significaban ciertas cosas dentro de sus ritos, algo
que no hubiera sido posible si no hubiera dejado mi celular.
Reflexión:
El ayuno digital del celular me
enseñó que el hambre de atención ya no es solo por comida, sino por estímulos
constantes en el celular. Renunciar al celular por esta tarea durante el tiempo
de Semana Santa me sirvió para purificar el alma y la mente de ruidos, reconstruir
presencia, aunque no entendía nada del idioma Q’eqchi’, y ser una persona más empática
con las personas que me rodean.
Bien. Buena idea describir dos tipos de ayuno y de hacerlo en distintos momentos cada uno. Me parece que hay varias exageraciones, quizá solo retóricas. También hay deslizamientos de causas-efectos. Hay observaciones interesantes: facilidad de pensar o mente más clara con el estómago vacío, sacralidad del comer (al concluir el ayuno). Intriga la expresión "extensión del cuerpo", referida al celular --¿en qué sentido, hasta qué punto? También la reflexión "reconstruir presencia"...
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