Trabajo final de Ronald
El
cuerpo: ¿cómo se autopercibe desde la práctica sensible?
El
cuerpo es posiblemente lo más cercano y a la vez lo más lejano para el ser
humano. Muchas veces somos conscientes de experiencias sensibles que percibimos
a través del entorno; sin embargo, en ocasiones estamos muy alejados de la
experiencia sensible de «nuestro propio cuerpo». Parece que nuestra experiencia
del propio cuerpo se vuelve tan cotidiana y rutinaria que todas las
experiencias sensibles pasan desapercibidas.
Pareciera que el cuerpo es fuente de conflicto entre
lo que se piensa de una experiencia sensible y lo que realmente es esa
experiencia. A decir verdad, muchas veces el pensamiento manipula nuestras
experiencias sensibles, maximizándolas o minimizándolas en gran medida. Esto
podría generar una imagen falsa de lo que verdaderamente se percibe del cuerpo
sensible.
Ante los postulados mencionados anteriormente, me
pregunto: ¿cómo es autopercibido mi cuerpo desde la práctica sensible? Con esta
pregunta, busco comprender cómo la práctica sensible permite la autopercepción
del cuerpo y cuáles son las características de esta experiencia. Ahora bien, la
manera para abordar este tema es desde la experiencia fenomenológica de mi
propio cuerpo para identificar cómo este es percibido.
En este ejercicio, me propongo explorar cómo se
autopercibe el cuerpo a través de la experiencia del tacto sensible. La
intención es acercarme a la vivencia corporal desde una perspectiva
fenomenológica, atendiendo no solo a las sensaciones aisladas, sino a cómo se
siente el cuerpo en su totalidad cuando lo toco y me dejo sentir. Esta
exploración busca ir más allá del pensamiento y las ideas preconcebidas, para
enfocarse en la experiencia directa y consciente del cuerpo como un espacio
donde habito.
El propósito central es descubrir qué ocurre en la
relación entre la mano que toca y la piel que es tocada, y cómo estas
sensaciones configuran la percepción que tengo de mí mismo. A través de esta
práctica, espero comprender mejor la conexión entre cuerpo, conciencia y
experiencia sensible, reconociendo las sensaciones que emergen y la manera en
que se funden o se diferencian.
Este trabajo es una invitación a detenerse, a escuchar
el cuerpo desde dentro y a abrir un espacio para la autopercepción a través del
tacto, entendiendo que el cuerpo es mucho más que un objeto: porque es con el
cuerpo que los seres humanos habitamos el mundo.
Experiencia sensible del propio cuerpo
Después de haber desayunado y con el cuerpo despierto,
me dispuse a ir a mi cuarto. Rocié el cuarto con aromatizante. Cerré las
persianas, asegurándome de que el ruido se filtrara lo menos posible. Busqué
una silla para estar lo más cómodo posible y para que el cuerpo no estuviera en
tensión. Dejé caer mis glúteos sobre la superficie plana de la silla. Puse mi
espalda recta. Realicé unos ejercicios de respiración para una mejor
relajación. Tomé una mesa pequeña y la coloqué al lado de la silla; sobre la
mesa puse un bolígrafo y una hoja de papel para ir describiendo lo
experiencial.
Antes
de realizar el ejercicio, percibía cierta tensión en mi cuerpo. Mi mente estaba
llena de pensamientos. Sentí
un poco de miedo al saber que iba a entrar en contacto con mi interior
corporal. Es extraño, porque en otras ocasiones ya he realizado este ejercicio;
sin embargo, esta vez me invade, en menor medida, este estado emocional. En
cuanto a los pensamientos, en un momento pensé que iba a sentir mi brazo como
un objeto extraño, separado de mi cuerpo. En otro momento pensé que lo iba a
sentir como una unidad. Pensar en esos dos elementos me provocaba cierta
ansiedad, porque, a decir verdad, no quería estropear esa experiencia
fenomenológica con mis ideas preconcebidas, pero tampoco quería negarme a la
experiencia. Porque esta va a ser la vía para entrar en las estructuras de mi
conciencia.
Después
de realizar los ejercicios de respiración, tomé consciencia de mis propias
manos. Las sentí con cierta pesadez, más pesadas de lo normal. Mis manos
estaban apoyadas sobre las piernas y las sentía como objetos extraños y ajenos.
Sentí el brazo izquierdo y el derecho no como unidades separadas, sino como una
conformidad entre ambas, a pesar de estar separadas y sin contacto alguno. La
conexión la sentí a través de una especie de energía. Al poner mi mano derecha
encima de la mano izquierda, sentí un calorcito y la unión de mi mano derecha
con la izquierda, lo sentí como un imán que se junta con un objeto. Luego hice
lo contrario: puse mi mano izquierda sobre la derecha y volví a sentir el
calorcito, pero con menos intensidad.
Posteriormente,
realicé el ejercicio del contacto entre las mejillas y mis manos. Primero la
mano izquierda sobre la mejilla derecha, luego sobre la mejilla izquierda. La
mano izquierda sobre la mejilla derecha la percibía al inicio como un objeto
que me tocaba desde afuera, pero a medida que era consciente de la sudoración
de la mano y del calor de la piel, sentí esa unidad de un solo cuerpo. Al poner
la palma de la mano sobre la mejilla izquierda, una vez entró en contacto,
empecé a dudar si lo estaba haciendo correctamente o si estaba manipulando el
ejercicio. En
ese momento, cuando los pensamientos querían tomar el control, me di cuenta de
que no los vivía como parte de mi cuerpo, sino como algo separado que influye
en mis acciones, aunque no pueda percibirlo directamente.
Por
otro lado, realicé el ejercicio de percibir cómo mi cuerpo es sentido a través
de las palmas de mis manos en contacto con mis mejillas. Al apoyar ambas manos
sobre el rostro, percibí una notable pesadez en los hombros. Por momentos, las
manos parecían separadas del cuerpo, como si fueran ajenas, pero el calor y la
sudoración generaban una sensación de unidad. Esta vez, la temperatura corporal
me pareció más elevada que en los ejercicios anteriores. Sentí cómo el calor se
extendía por todo el cuerpo y me volví plenamente consciente de esa calidez
generalizada.
También
noté cómo el abdomen comenzaba a participar en la experiencia, apareció una
sensación de peso en esa zona, como si se sumara al ejercicio. Para finalizar,
junté las palmas de mis manos y las sentí cargadas de energía y calor.
Autopercepción
del propio cuerpo (análisis):
Para
realizar el análisis, es propicio volver a la pregunta que es el tópico que nos
ocupa en esta experiencia fenomenológica, ¿cómo se autopercibe el cuerpo
desde la práctica sensible? A raíz de esa pregunta pudo decir que el cuerpo
desde el inicio de la experiencia empezó a auto percibirse desde una
disposición consciente que el ambiente propició: el silencio, el aromatizante,
la relajación y la atención.
Cabe mencionar
que, en los primeros momentos del ejercicio el cuerpo se empezó a sentir
sensación de tensión y cierta resistencia mental. Aunque había cierta
familiaridad con la práctica, sin embargo, surgió un temor y un poco de
ansiedad al entrar en contacto con el propio cuerpo. Esto denota que, el cuerpo
no se siente simplemente por estar ahí; para poder sentirlo se necesitan
ciertas condiciones, como el silencia, la calma y la atención, que fue lo que a
mí me sirvió, y eso permite que el cuerpo se haga presente y se sienta la
vivencia real.
El ejercicio de
la respiración relajada y el contacto con algunas partes del cuerpo, como las
manos, las mejillas, la piernas, fueron clave para sentir al cuerpo de una
forma diferente. Ya no era solamente con funciones o partes, sino la
experiencia de algo vivo y presente. Al
poner suma atención a las manos, apareció un sensación de peso que por lo
regular no se siente en lo cotidiano. Pero ese peso no era solo físico, sino
una manera en la que el cuerpo se hacía sensible desde adentro. Por otro lado,
la manos se sentían extrañas y parecía que el cuerpo se estaba descubriendo por
primera vez.
Esa forma de
hacerse presente el cuerpo desde la experiencia sensible, se hizo cuando empecé
a tocar mis manos, ya fuera entre ellas o en el rostro. Esa era una experiencia
compartida; por un lado, una mano que tocaba y por otro una mano que era
tocada. Esa doble sensación daba la
impresión de que mi cuerpo estaba dividido, sin embargo, no dejaba de ser un
solo. A decir verdad, las partes no estaban separadas realmente, sino que
formaban una sola experiencia, eso mediante ese cuerpo que se percibe así mismo
a través del tacto.
Con
el pasar del ejercicio, la experiencia se fue haciendo más amplia. El calor, el
sudor, la energía y el peso se unieron en una sensación general del cuerpo. Ya
no sentía solo mis manos o mi cara, sino todo mi cuerpo como una sola cosa viviente,
con temperatura, peso y energía. Cuando junté las palmas, sentí una energía
fuerte, como un calor especial, y eso me hizo sentir que todo mi cuerpo estaba
unido y presente.
También
aparecieron pensamientos que me hacían dudar de lo que sentía. A veces, estos
pensamientos interrumpían lo que estaba viviendo. Lo curioso fue que esos
pensamientos no se sentían como parte de mi cuerpo, sino como algo aparte, que
influía, pero no era corporal. Esto me ayudó a darme cuenta de que el cuerpo y
los pensamientos se viven de forma distinta: el cuerpo se siente desde dentro,
mientras que los pensamientos posiblemente hay algunos que vienen desde afuera.
En suma, desde la práctica sensible, el cuerpo se
autopercibe no como algo externo, sino como un ser de sensaciones. Aparece
cuando se dispone a tener la experiencia sensible, cuando se lo siente
directamente. El calor, el peso, la energía, la sudoración y la respiración no
son solo fenómenos fisiológicos, sino modos en los que el cuerpo se da a sí
mismo en la experiencia vivida. El cuerpo se da desde adentro, de manera
silenciosa y cuando se da, se autopercibe como una experiencia viva.
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